El valle de Belagua, en el término de Isaba, es un paraje de ensueño, de los que se ven y no se olvidan. Estamos ante lo que se denomina un valle glaciar, que a su vez hace de cabecera del valle de Roncal.

El paisaje de Belagua está configurado por una extensa llanura surcada por los barrancos del Alto Ezka (oficialmente río Belagua) y de Arrakogoiti, y rodeada a su vez, y en su totalidad, por altivas cumbres como las de Larrondoa, Lakartxela, Binbalet, Lákora, Lapaquiza de Linzola, o Txamantxoia, entre otras, que oscilan entre los 1700 y los 2000 metros de altitud.

Abajo, el llano, es escenario de una intensa vida agrícola y ganadera. Siempre ha sido así, desde la prehistoria, como lo acredita el dólmen de Arrako, junto a la Ermita de Nuestra Señora de Arrako. Las excavaciones realizadas en este monumento megalítico funerario han venido a confirmar que los pastores que habitaron siglos atrás este valle tenían unas costumbres que han perdurado hasta nuestros días; es el caso del zurrón con el ajuar, en el que llevaban su propia cuchara, y una piedra (suarri) que, rusiente, les servía para calentar la leche cuando hacían el queso.

Dentro del llano de Belagua se conservan varias bordas en su más puro estado original. Son construcciones de uso agrícola y ganadero que durante siglos apenas han conocido variaciones.

La Venta de Arrako, la Venta de Juan Pito, y los puentes románico que encontramos cerca de Isaba, son vestigios de la milenaria ruta que antaño atravesaba el valle de Belagua comunicando Navarra con Xuberoa.

Pero, sin duda, lo más espectacular de Belagua son las grandes masas forestales que flanquean el llano; especialmente la Selva Grande, en la ladera del Txamantxoia, en cuyo extremo se conserva la Reserva Integral de Aztaparreta, un hayedo-abetal que pasa por ser el único territorio virgen que queda en el Pirineo.

Las cualidades naturales de este valle, así como sus senderos y sus cumbres, hacen que cualquiera de las cuatro estaciones del año sean un buen momento para acercarse a él.

El día 26 de julio, festividad de Santa Ana, se celebra la fiesta-romería de Nuestra Señora de Arrako, con cortejo procesional y bendición de los campos.

La carretera comarcal 137 que atraviesa el valle de Belagua nos conduce hasta Francia pasando por la zona de Larra, lo que nos permite, en pocos kilómetros, ver una transformación total del paisaje.