La explotación forestal de la madera y su transporte fluvial constituyó una de las  principales fuentes de riqueza de los valles navarros de Roncal, Salazar y Aezkoa.

Hoy, la Asociación Cultural de Almadieros Navarros ha conseguido convertir la almadía en un símbolo de identidad del pueblo de Burgui mediante la celebración anual del “Día de la Almadía” que se ha convertido en una de las tradiciones populares más concurridas de Navarra, a la que últimamente acuden más de 7.500 visitantes.

Esta jornada festiva, que tiene lugar todos los años a principios del mes de mayo, consiste en el descenso de varias almadías por el río Esca durante un recorrido de 5 kms. que termina en el puente medieval de la localidad de Burgui tras el salto de la presa. El descenso de las almadías se complementa cada edición con una serie de actos culturales, deportivos o folklóricos como exposiciones, actuaciones musicales, danzas, ferias de artesanía, comida popular, proyecciones audiovisuales, teatro, deporte rural, bailables…

En cada una de las ediciones se rinde homenaje con la entrega de la “Almadía de Oro” a diversas personalidades e instituciones del mundo de la cultura, el deporte o las ciencias.

Toda la información sobre esta fiesta que se celebra en torno al primero de mayo está disponible en la web www.almadiasdenavarra.com

Qué es una almadía

La almadía es una balsa formada por varios tramos de maderos de idéntica longitud amarrados entre sí mediante jarcias vegetales (vergas de avellano o mimbre silvestre), con remos en la punta y en la zaga cuya misión es dirigir o conducir la balsa de madera por el cauce del río.

En los valles pirenaicos navarros el aprovechamiento de los bosques ha sido desde tiempos inmemorables la principal fuente de ingresos y sus ríos la forma de transportar la madera hasta los lugares donde podía ser vendida para su transformación o utilización. Esta madera era transportada formando almadías.

Elaboración de una almadía

El trabajo de la preparación de la almadía empezaba en el bosque con la tala del árbol. Batido el árbol había que destajarlo, cortando las ramas del tronco. Una vez destajado se estudian las diversas posiciones para ser tronzado o dividido correctamente en varios maderos que oscilan entre 4 y 6,40 metros.

Destajado y tronzado, seguidamente se procede a escuadrar el tronco que debe estar bien asentado. Se marca el tronco con un cordel impregnado en carbonilla y se extiende a lo largo del tronco, en uno y otro costado; de esta forma queda preparado el tronco para ser tallado o labrado a escuadra, tarea reservada a los más expertos de la cuadrilla de maderistas. Terminada la tarea por los dos primeros lados del tronco se da la vuelta a este para repetir la misma operación por los otros dos.

Una vez preparados los troncos hay que sacarlos del bosque monte abajo bien aprovechando la fuerza del agua de los barrancos, modalidad del barranqueo, o bien por medio de la fuerza animal de machos o mulos. Es necesario equipar a los machos con un grueso collarón de cuero del que parten unas cadenas que mediante cabos se enganchan al madero por los clavillotes o bien taladrando el tronco con una barrena y pasando un cabo por el agujero. De esta forma se traslada la madera hasta la orilla del río, hasta el atadero, lugar donde se arman las almadías.

Para armar la almadía en el atadero, hay que taladrar los troncos en los extremos con la barrena, para así poderlos unir entre ellos por medio de jarcias vegetales, formando tramos de entre cuatro y cinco metros. Una vez preparados los tramos se deslizan al río (aguada) en donde se ensamblan cuatro o cinco y hasta siete según el grosor de la madera.

Ensamblada la almadía se dota de los remos delanteros o punteros y de los traseros o coderos, así como del “ropero”, lugar elevado del que se cuelga la ropa y las alforjas con viandas para que no se mojen en el recorrido por los ríos.